Por definición, el consentimiento es el acuerdo libre, voluntario, explícito, informado y reversible de una persona para participar en cualquier actividad.
No es solo un "sí", sino una condición fundamental que hace que cualquier interacción para que sea ética y respetuosa.
Para que exista consentimiento válido, deben cumplirse todas estas características:
1. No debe haber ningún tipo de presión, manipulación, amenaza, chantaje emocional, abuso de autoridad o dependencia (por ejemplo, jefe-empleado, docente-estudiante, cuidador-persona bajo su cuidado). Tampoco es válido si la persona cede por miedo a las consecuencias.
2. Debe surgir de la propia persona, sin coerción. No es lo mismo que "no decir que no" o "dejar que pase". El silencio, la inmovilidad o la falta de resistencia no equivalen a consentimiento.
3. Lo ideal es que sea verbal y claro ("sí, quiero", "estoy de acuerdo") y también puede expresarse mediante acciones afirmativas y entusiastas. Sin embargo, ante la duda, la regla es: sin un sí claro, es un no.
4. La persona debe saber exactamente en qué está consintiendo: qué tipo de acto, con quién, con qué medidas de protección, en qué contexto. Si hay engaño, ocultamiento de información o suplantación de identidad, no hay consentimiento.
5. El consentimiento puede retirarse en cualquier momento. Decir "sí" una vez no obliga a seguir diciendo "sí" después. El consentimiento no es un contrato permanente.
6. Capacidad para consentir
Hay situaciones en las que una persona no puede dar consentimiento válido:
- Está bajo los efectos de alcohol, drogas o medicamentos que alteran su conciencia.
- Está dormida o inconsciente.
- Tiene una discapacidad intelectual o cognitiva que le impide comprender el significado del acto.
- Es menor de edad.
- Existe una relación de poder o dependencia que anula la libertad real (por ejemplo, un adulto con un niño o adolescente, un médico con su paciente, etc).
Una lista que a mi me abrió los ojos y claridad sobre lo que viví, fue la siguiente:
MATERIALES
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- No pueden aprender a defenderse de algo que no saben que existe y que, por lo tanto, no pueden ni imaginar.
- No pueden aprender a defenderse de un agresor o agresora si no se les explica que existen personas que agreden de diferentes formas a otras personas, incluidos niños y niñas. Lo mismo sucederá si se les sigue diciendo que son siempre personas desconocidas, que están locas o borrachas, cuando en realidad serán, en su mayoría, según demuestran las investigaciones, personas conocidas o que intentarán ganarse su cariño.
- No pueden nombrar el abuso, por ejemplo, si no se les enseña los nombres de los órganos genitales.
- No pueden aprender a decir “no” a un agresor o agresora si no se les da la oportunidad de decírselo a los adultos de su entorno con otros temas. Y, desde luego, no lo aprenderán si cuando dicen “no”, no se les hace caso ni se respeta su criterio.
- Si no se les permite vivir pequeñas penas (despedidas, frustraciones, el negarles algo que quieren) o penas no tan pequeñas (como la muerte o la enfermedad), cuando les llegue el momento de afrontar dolores importantes no tendrán referentes ni estrategias para hacerlo.
Si, por el contrario, las familias y los educadores hablan de ello, por el simple hecho de hacerlo, protegen a los niños y niñas del abuso. La conversación puede surgir en varias ocasiones:
- Cuando surgen noticias o sucesos relacionados con el abuso, la violencia o la sexualidad.
- Por conductas de otras personas hacia ellos, incluso dentro de la propia familia: cosas que les hayan hecho sentir mal, que no sean necesariamente de contenido sexual, pero que sí les hayan producido incomodidad, asco, vergüenza o miedo.
- Explicitar todas esas emociones y ayudarles a generar estrategias para reaccionar cuando alguien les hace algo que no les gusta o que les hace sentir mal es una de las claves de los programas de prevención.
- Por la curiosidad sexual natural en los niños y niñas y sus propias conductas hacia otros niños y niñas: conductas de autoerotismo o de descubrimiento sexual habituales y naturales en los niños y niñas de tres a seis años, a las que hay que dar un contenido y un enfoque adecuados. Hay que afrontarlas como lo que son: algo natural y positivo en el desarrollo del niño o niña, pero se han de realizar en un entorno protector y siempre desde el respeto a los propios sentimientos y los de los demás.
Si las familias y los educadores aprovechan esas ocasiones para abordar el abuso, trasmitirán la sensación a los niños y niñas de que se puede hablar de estos temas y lograrán que los niños y niñas perciban a sus familias y educadores como un ámbito de seguridad para hablar de las cosas que les asustan o les dan miedo, asco o vergüenza.
Peppa Horno. Escuchando mis “tripas”: programa de prevención del abuso sexual en educación infantil. 2013
¿Por qué algunas personas no pudieron escapar, gritar o defenderse?
Porque el cuerpo hace lo que necesita para sobrevivir, no lo que “tendría que haber hecho”. Muchas veces, ante un peligro extremo, el cuerpo se congela: es una respuesta automática llamada “inmovilidad tónica” o “colapso”, que ocurre cuando no es posible huir ni luchar.
Esto no es una señal de debilidad. Es una forma de autoprotección frente a lo insoportable. El cuerpo tiene diferentes formas de reaccionar ante el peligro, la lucha o la huida son las más conocidas, pero la parálisis es la reacción más frecuente en víctimas/sobrevivientes de violencia sexual (Carmen, Garcia s.f.).
¿Cómo detectarlo? (Esto es una guía, no un diagnóstico)
Indicadores generales de riesgo de posible abuso sexual, acoso escolar o maltrato escolar
- a) Temor de ir al baño.
- b) Temor o nerviosismo ante la presencia de una persona adulta en concreto (presunta agresora) lo cual es notorio que se presenta sólo en situación de abuso sexual o maltrato escolar.
- c) Cambios notorios en los hábitos alimentarios (por exceso o disminución).
- d) Crisis de llanto sin explicación.
- e) Sensibilidad extrema.
- f) Dificultades en la integración al grupo de iguales.
- g) Negarse a ir o permanecer en la escuela.
- h) Incontinencia urinaria.
- i) Incontinencia fecal.
- j) Tendencia a aislarse.
- k) Fugas del hogar.
- l) Manifestaciones auto-agresivas de distinto tipo (cortarse, golpearse, ponerse en situaciones de riesgo físico, arrancarse el cabello, rascarse hasta sangrar y causarse otras lesiones serias que comprometan su salud).
- m) Malestares físicos constantes.
- n) Deserción escolar.
- o) Cambios en la vestimenta o aspecto.
- p) Dificultades para concentrarse en las tareas escolares.
- q) Desinterés de las actividades vinculadas al aprendizaje y a la escuela.
- r) Evasión de la participación en juegos o actividades grupales.
- s) Negativa repentina a participar en actividades físicas.
- t) Descenso brusco del rendimiento escolar.
- u) Cambios bruscos en su estado de ánimo.
- v) Tendencia a quejarse mucho, ser exigente o aislado.
Indicadores específicos en casos de posible abuso sexual infantil.
- a) Molestias evidentes (o verbalizadas) en genitales.
- b) Dificultades para caminar o sentarse.
- c) Uso de información inusual para la edad sobre temas sexuales.
- d) Sensibilidad extrema al contacto o acercamiento físico.
- e) Ataques de ira.
- f) Mostrarse triste.
- g) Miedo a quedarse a solas con una persona en particular.
- h) Conocimiento de temas sexuales y/o conducta inapropiada para una niña o niño de su edad.
- i) Escribe, dibuja, juega o sueña con imágenes atemorizantes o sexuales.
- j) Habla de una nueva amistad generalmente con mayor edad.
- k) De repente, tiene dinero, juguetes u otros regalos sin motivo alguno.
- l) Forzar a otras personas a realizar juegos sexuales.
(Protocolos para la detección, prevención y actuación en situaciones de abuso sexual infantil, acoso escolar y maltrato en las escuelas de la educación y inicial y básica para el Estado de Guanajuato. s.f.).